


NANCYTú fuiste mi pequeña bebita
Y yo conocí todos tus miedos.
Busco la alegría abrazándote
y besando tus lágrimas.
Pero ahora te has ido.
Sólo hay dolor
y nada que yo pueda hacer.
Y yo no quiero vivir esta vida
si no puedo vivirla por ti.
A mi bebita, nuestro amor nunca morirá.
Sid
Nancy Laura Spungen nació el 27 de febrero de 1958, hija de Frank y Deborah Spungen. Los Spungen eran una familia judía de clase media asentada en Hundingdon Valley, Pennsylvania (Estados Unidos). De pequeña era hiperactiva, y exhibía un comportamiento violento hacia sus hermanos (Susan y David). Nancy tuvo problemas, "desde su nacimiento" dijo su madre, Deborah Spungen "ella era volátil". Intentó suicidarse muchas veces y a los 17 años (1975) se marchó de su casa para mudarse a Nueva York. Allí se hizo "groupie", siguiendo a bandas como Aerosmith, New York Dolls y The Ramones. Más tarde trabajó como stripper y ejerció la prostitución. Se trasladó a Londres, donde conoció a los Sex Pistols. "Nancy vino a Inglaterra con un deseo de groupie, de acostarse con un Sex Pistol", declaró Pamela Rooke, una amiga de Sid que trabajaba en una tienda de ropa punk en Londres."Y de alguna manera él (Sid) era carne fácil."
Cuando vio por primera vez a Sid le dijo: "Tengo todos tus discos, Johnny". "Yo no soy Johnny, soy Sid" le contestó Vicious sin importarle que lo confundiera con el cerebral con Johnny Rotten. Nancy se hizo la desentendida y esa misma noche, en el departamento de su amiga Linda, una dominatriz de un espectáculo sadomasoquista, intentó meterse en la cama de Sid. Johnny, que dormía al frente y a quien Nancy le cayó muy mal desde el primer momento, le gritó que a los Pistols “el sexo les parecía lo más asqueroso y el amor lo más imbécil”. Pero Nancy siguió insistiendo hasta que se hizo imprescindible para Sid (muchos sostienen que fue ella quien lo introdujo en el consumo de heroína; otra versión dice que fue Johnny Thunder, quien lo provocó preguntándole “si era un hombre o un ratón”).
Durante su relación, Spungen y Vicious abusaron de la heroína y otras drogas. Los periódicos la apodaron Nancy Nauseabunda por sus frecuentes exhibiciones de violencia y mal lenguaje. La dependencia de Sid a ella interfirió en los Sex Pistols, y contribuyó a la ruptura del grupo durante su tour por los Estados Unidos (San Francisco, 1978). El vocalista John Lydon (entonces conocido como Johnny Rotten) comentó "le habría suplicado que se alejara de ella, pero para Sid ella era como un pilar, un soporte." Nils Stevenson, road manager de los Sex Pistols, contó que "Sid comenzó a disgustarse por todo, nada le agradaba, excepto la heroína y Nancy". Nancy y Sid se mudaron entonces al famoso Chelsea Hotel en Nueva York, donde Vicious intentó, con poco éxito, continuar con su carrera musical.
El abuso de las drogas y la violencia doméstica acabaron con todo el 12 de octubre de 1978, cuando Nancy fue encontrada muerta, en ropa interior, tirada en el suelo del baño de su habitación. Tenía 20 años. Los detalles de la muerte de Nancy aún son desconocidos, pero se sospecha que fue Sid quien acabó con ella: murió desangrada por una puñalada en el abdomen con un cuchillo de Vicious (cuchillo de caza regalado por Dee Dee Ramone después de un concierto). Sid fue arrestado inmediatamente, pero después fue liberado por falta de pruebas.
Después de declarar por la muerte de Spungen, un periodista entrevistó brevemente a Vicious, quien temblaba y parecía sobrio, taciturno e introvertido.
Entrevistador: ¿Te estás divirtiendo en este momento?
Vicious: Ja, ¿lo dices enserio? No, no me estoy divirtiendo.
Entrevistador: ¿En donde te gustaría estar ahora?
Vicious: 3 metros bajo tierra.
Entrevistador ¿Lo dices en serio?
Vicious: (apacible y triste) Oh, sí.
Sid intentó suicidarse en la cárcel, pero la policía intervino a tiempo para salvarle la vida. Después de su liberación Beverly, su madre, voló a Manhattan para estar con su hijo. El 1 de febrero de 1979, temerosa de que a su hijo lo arrestasen por comprar drogas en la calle, ella compró una dosis de heroína para Sid. Lo encontró muerto por una sobredosis a la mañana siguiente, cuando fue a llevarle una taza de te. Tenía 21 años. Unos días después de ser incinerado, su madre encontró una nota de suicidio en el bolsillo de su chaqueta. Decía "Hicimos un pacto de muerte, yo tengo que cumplir mi parte del trato. Por favor, entiérrenme al lado de mi nena. Entiérrenme con mi chaqueta de piel, vaqueros y botas de motociclista. Adiós. Con amor, Sid". Posteriormente trepó el muro del cementerio de las afueras de Philadelphia donde está enterrada Nancy y, en contra de los deseos de la familia Spungen, esparció las cenizas de su hijo sobre su tumba.
Joe Strummer, ex integrante de “The Clash” escribió dos canciones para la banda sonora de la película “Sid & Nancy” (Alex Cox, 1986). “Love Kills” es una mirada sobre la historia de Nancy Spungen y Sid Vicious. “Pero no sé qué es el amor. ¿Hay alguna otra cosa que me da escalofríos? Pero mis manos son del color de la sangre, entonces, nena, puedo decirte, seguro, puedo decirte el amor mata, el amor mata, el amor mata.”
Otras canciones inspiradas en Nancy Spungen:
-"I Don't Wanna Live This Life (Anymore)" (End Of The Century, 1980) - Ramones: El título de esta canción está extraído de un poema que Sid escribió para Nancy después de su muerte. “Ahora que te has ido, siento el dolor. Mi corazón tiembla, digo tu nombre. Echo de menos tus caricias, tu pelo rubio suave. Sigo buscando una respuesta, pero, simplemente no está allí. Ya no quiero vivir esta vida. Nunca más.”
-“Sid Vicious was innocent” – (Troops Of Tomorrow, 1982) - The Exploited: “No es culpa suya que haya muerto. Le gustaba su pollo frito. Ahora su rostro está en mi camisa, no vamos a olvidar su sonrisa famosa.”
-“Haunted” (Sid & Nancy Soundtrack, 1986) – The Pogues: “Pero ese es el tipo de chica que soy. Él es mi tipo de hombre.”
-"Pleasure and Pain" (Sid & Nancy Soundtrack, 1986) – Steve Jones
-“Love Kills” (Animal Boy, 1986) – Ramones: “Sid era un rey punk rockero. Nancy era una reina rota. Sus vidas eran muy glamorosas. Sid y Nancy eran un desastre.”
-“Swords and Knives” (The Seeds of Love, 1989) – Tears for Fears: “Cuando la vida comienza con agujas y alfileres termina con espadas y cuchillos. Dios salve a los que nacen para morir.”
-“Sid & Nancy” (Буря, Tempestad, 2007) – Lumen: La canción de esta banda rusa se refiere a la historia de Nancy y Sid.
-"Back Drop Junkie (Nancy)" – Gazette
-"Love Kills" - Kasey Kats
-"Sid & Nancy" - Robert Gawliński












Al atardecer, con los primeros neones, despierta la noche en Kabukicho.En el animado barrio del distrito de Shinjuku, en Tokio, la iluminación va anunciando poco a poco pequeños locales de masajes y chicas de compañía.Los videoclubs, abiertos desde por la mañana, auguran un pasaje prometedor a un mundo prohibido. Su reclamo es sencillo pero seguro: una imagen de la clásica alumna de instituto japonés, con falda a tablas y cuello marinero. 











Un día cualquiera fuimos con Ricky a un festipunk vaya a saber dónde. Lejos. Ahí nos encontramos con un par de pibes que yo no conocía, aunque eran de Avellaneda como nosotros: Juan Fandiño y Fernando Cordera. Pelos parados de colores, camperas rotas y pintadas al aerosol: A con circulito, etc. Juan le contó que tenía una banda: Flema. Él tocaba la guitarra y Fernando cantaba. Había un baterista de Belgrano, y bajista había que buscar. Pero ya tenían compuestos dos temas y todo. Y como Juan apenas sabía rasguear las bases, lo invitó a Ricky (que en Avellaneda tenía su prestigio como guitarrista) a unirse al grupo para puntear y todas esas cosas. Ahí yo dije que era el mánager de Ricky (?), así que si él entraba a Flema yo tenía que managerear.
Hubo acuerdo. La semana siguiente fuimos a ensayar, en un sucucho donde el padre de Juan tenía depositada la ropa que vendía. El baterista no vino. -Este guacho... Ya es la tercera vez que falta. Y eso que es la cuarta vez que ensayamos -explicó Juan. Entonces me acordé que yo, en la primaria, siempre en los actos patrios tocaba el bombo: Zamba de mi esperanza, etc.; así que mientras se los contaba me fui sentando a la batería, cosa que en mi puta vida había hecho jamás. Tres viernes más tarde ya teníamos un repertorio de veinte temas, un bajista cuyo nombre lamentablemente no recuerdo y estábamos debutando en Gracias Nena, un lugar que quedaba por ahí (cerró poco después) con Comando Suicida, Sekuestro, Conmoción Cerebral y no sé si alguno más.
Así empezó Flema. Ricky y yo nos hicimos amigos cuando el entró al Arcamendia, de Barracas, en 1985. Yo estaba en 5º, y él entró a 4º, aunque era un año y medio mayor que yo (en ese colegio descontrolado logró pasar a 5º, pero igual después lo echaron). En realidad, yo ya lo conocía desde el año anterior, de verlo por ahí en Avellaneda, donde Ricky ya era bastante famoso, antes de tener banda ni nada. No era una fama precisamente musical la suya. Era reconocido por personaje, bardero y payaso. Una anécdota (para que se den una idea): el 21 de septiembre del '85, una buena cantidad de estudiantes (?) nos habíamos juntado en Plaza Alsina (la de Mitre) en plan de ir a Villa Elisa o algo así. Eran como las nueve de la mañana; la mayoría veníamos siguiéndola desde la noche anterior. Averiadísimos. Y a Ricky no se le ocurre mejor idea que la de subirse al escenario que habían montado para el acto municipal el día de la primavera, y ponerse a hacer un show cantando a capella. Los que conocen Plaza Alsina, sabrán muy bien la cantidad de gente, familias y señoras que circulan por allí a esa hora.
Bien; la cosa es que Ricky, entusiasmado por la reacción del público (la manga de descerebrados que estábamos abajo, muertos de la risa y aplaudiendo), coronó su performance bajándose los pantalones y el slip hasta las rodillas, mientras improvisaba unos pasitos de baile. Muy sexy. Así, por lo menos, debían opinar un par de policías que aparecieron de la nada, porque lo cazaron del cogote y lo llevaron a que terminase el strip-tease en la Primera, a apenas un par de cuadras de la plaza. Hasta ahí nada extraordinario: lo que nunca me voy a olvidar fue cómo a los diez minutos una treintena de enfermos/as estábamos en la puerta de la comisaría, a los gritos pelados exigiendo la inmediata presencia del Rati en Jefe. ¿Cómo van a detener a un estudiante que lo único que hizo fue una travesura en su día? ¡Liberen a Ricky! Era la toma de la Bastilla. No sé cómo no terminamos todos adentro. No me lo explico. A lo mejor el comisario venía con resaca, le dolía la cabeza y no quería quilombo. Como sea, al rato nomás por la nefasta puerta aparece el muchacho, sonriendo triunfante y con los dedos en V, como si afuera estuviera Crónica TV y la CNN cubriendo la noticia. Y marchó cargado en andas por la multitud de vuelta hasta la plaza. Increíble. Bueno: por boludeces por el estilo, Ricky ya tenía su fama en Avellaneda.
En el Arcamendia, nuestra vida académica era así, día tras día: nos juntábamos (una banda) a las doce en el almacén del gallego, que nos vendía cerveza, o vino, o Gancia, o Legui, o licor, o Tres Plumas, en fin, lo que quisiéramos; cada dos meses la ley le clausuraba el local pero el viejo debía tener sus contactos en la embajada española porque a las 48 hs. ya estaba lo más orondo meta despachar. A nosotros la policía no nos jodía mucho que digamos, supongo que porque éramos muy respetuosos con la gente del barrio, con las señoras que iban con la bolsa a comprar. Nadie nos denunciaba; y eso que secamos el árbol de la veredita del almacén. De tanto mearlo, se entiende.
A plena luz del día. Pero éramos buenos chicos. "Buenas tardes, doña", le decíamos a la vecina que pasaba mientras nos sacudíamos el surtidor antes de guardarlo. "Buenas tardes, joven", nos contestaba la mujer, encantada de ver semejante educación en muchachos de tan corta edad. Una vez en estado (además del alcohol, nunca faltaba algún par de fasiños para completar esos desayunos) nos dirigíamos a clase, y a la salida otra vez a lo del gallego hasta las nueve o diez de la noche. Con todas estas actividades nos íbamos forjando como seres humanos integrales, de cara al mañana que nos aguardaba. ¡Ah, qué doloroso fue terminar el secundario! En la entrega de diplomas debo haber llorado tanto como aquellas compañeras que fueron de vestidito cheto y peinado de peluquería. Debo haber llorado, digo, porque la verdad es que no me acuerdo. Por aquella época Ricky tenía una banda de black metal: Overkill. Y que conste en actas: el black metal todavía no existía. Quiero decir, si Venom, Sodom y/o Slayer ya venían tocando, lo que es acá no había ni noticias.
La cosa fue así: formaron el grupo con otro notorio personaje de Avellaneda, Juan Falopa. Éste era (y hoy día debe recontra ser) una especie de esqueleto andante. Decía que era brujo satánico. Según una leyenda barrial, Juan, en su carácter de brujo de alto grado, tenía el poder de desaparecer de donde estaba y al momento aparecer en cualquier otra parte. Eso sí: podía hacerlo únicamente una vez al año. A mí, personalmente, una vez uno me contó que: Juan estaba en casa de Fulano, también estaba Mengano, se estaban tomando unos vinos, y de repente Juan se para y dice: "Bueno... voy a desaparecer". ¡Y desapareció! ¿Y dónde fue a parar? ¡Qué sé yo! Pero de ahí se esfumó como por arte de magia. Fulano y Mengano lo juran por sus madres. Totalmente convencido, me lo decía el pibe. Yo nunca entendí por qué Falopa no usaba su don para irse a las Bahamas, por ejemplo en diciembre y volver en enero; o aunque sea, si el truco tenía un alcance limitado y no le daba el kilometraje, para evadirse de la comisaría alguna de las innumerables veces en que lo invitaron a disfrutar de la hospitalidad policial. Se ve que prefería impresionar a los amigos. Pero no pretendo que la mente de un monje infernal sea comprensible para un simple mortal como yo. ¿A qué venía todo esto? Ah, ya recuerdo: un día Ricky va al ensayo de un grupo que tenía este Juan. Por más brujo que fuera, ese día no podía afinar el bajo. No había manera. Hasta que en un momento se sacó, agarró al pobre instrumento por el diapasón y se puso a estrolarlo contra el piso hasta hacerlo cajeta. "Sabés quién me hace esto, ¿no? ¡Sabés quién me lo hace!" le decía al guitarrista, imagino que refiriéndose a Dios o a algún santo. En ese mismo instante Ricky decidió que quería a ese individuo en su conjunto. Y así empezaron. Querían hacer una onda heavy como Maiden pero oscuro como Black Sabbath y podrido y rápido como Mötörhead, y como eso no tenía nombre se les ocurrió ponerle "black metal".
Sí señor: inventaron el género más o menos al mismo tiempo que Cronos en Londres, pero en Avellaneda. Claro que la repercusión, y por tanto la gloria, la tuvieron los de allá. Lo mismo de siempre. Una lástima. Si no ahora podríamos decir: el colectivo, el dulce de leche, la birome, la huella digital y el black metal. Qué le vamos a hacer, che. Así son las cosas. Desgraciadamente, con estos pioneros del satanismo no pasó gran cosa. Tocaron cuatro o cinco veces en unos antros de mala muerte y la banda se disolvió. Yo era el mánager (?). Y soy testigo: Ricky -usaba el seudónimo artístico de "Ricky the Kill"- subía a tocar pintarrajeado más o menos como ahora, en una época en que Marilyn Manson lo más loco que hacía era pispearle de coté la poronga a sus compañeros cuando meaba en el baño de la high-school. Así que no jodan